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Los padres tendrán la posibilidad de supervisar desde cerca los progresos de sus hijos y tendrán a su disposición todos los conocimientos necesarios para apoyarlos en este proceso para dejar de tartamudear.
Tendrás a tu lado, sin moverte de casa, a profesionales especializados en tartamudez, que han experimentado tus mismos miedos y tus mismas frustraciones e incertidumbres, pero que tras años de estudio, investigación y experiencias han encontrado las respuestas que cada tartamudo o cada padre busca, en base a las preguntas que cada uno de ellos suele hacerse.

Cuando escuché a Savio hablar el primer día, fue una sorpresa para mí porque relataba todo lo que yo había sufrido a lo largo de toda mi vida, sin que yo se lo hubiera contado antes. Al acabar la primera clase, supe que Savio y su curso eran la solución al problema. Durante la realización de los ejercicios que componen el curso, sentí que era capaz de hablar sin bloqueos. Cada día que pasaba, lograba gestionar mi velocidad al hablar, reducir mi nivel de ansiedad y sentir que podía.

Penso que el Savio, a part d’ensenyar-me la tècnica i els exercicis, també m’ha fet una mica de psicòleg i ha sabut animar-me en els moments en què estava baix de moral. Jo recomanaria fer aquest curs a altres tartamuts perquè trobo increïble que en només un mes hagi pogut deixar de tartamudejar.

Ahora, con el curso finalizado, me doy cuenta de que esta es la primera técnica en mi vida que realmente ha hecho desaparecer los bloqueos. Empecé el curso con muchos bloqueos y lo terminé prácticamente sin ninguno. Es tal y como dice Savio: "No tartamudeando, se deja de tartamudear".

Cada día nos reuníamos durante una hora para hacer la clase, y creedme... era la mejor hora del día. No importaba cómo había sido mi día ni cómo me sentía; cuando encendía el ordenador y veía a Savio y a mis compañeros de clase, todo cambiaba. La hora pasaba volando, y siempre me daba pena terminar la clase porque todo lo que nos enseñaba Savio era tan interesante que me podría haber quedado cuatro horas más escuchándolo. Fueron días muy mágicos para mí.

La experiencia en ambos casos ha sido muy buena. Me gusta mucho lo directo e intenso que es el aprendizaje, el poder compartir y practicar con otros compañeros y saber que puedes contar con Savio en caso de que tengas cualquier duda o problema.

Es cierto que todavía tengo que enfrentarme a situaciones que me generan más ansiedad y que debo desarrollar aún más el lenguaje, pero ahora ya tengo las herramientas técnicas y el apoyo de Savio para poder hacerlo.

El curso con Savio Mascolo me ha abierto un camino que ya no imaginaba recorrer. Estoy segura de que podré llegar a ser una persona fluida con la nueva identidad de habla que estoy construyendo a partir del método Coppola. Tengo la esperanza de que voy a comunicarme bien, no como por arte de magia, sino como resultado de un proceso en el que el uso de la técnica, junto con una sonrisa siempre en el rostro, irán agrandando, poco a poco, la naturalidad de hablar con alegría.

En las primeras semanas vimos cómo nuestro hijo comenzaba a controlar una situación que antes para él había sido incontrolable. A medida que pasaban las semanas, lo veíamos más seguro, con más autoestima y, sobre todo, más feliz. Ahora, después del tratamiento, es sorprendente cuando nos dice: "No te preocupes mamá, ya sé cómo no tartamudear", y es verdad, cuanto más práctica, menos bloqueos le surgen. Hablyo ha sido un gran descubrimiento en nuestras vidas, no solo porque nuestro hijo ha mejorado, sino porque se siente, y nos sentimos, entendidos y acompañados. La experiencia con Savio ha sido muy enriquecedora. Creo que su experiencia como ex-tartamudo nos ha ayudado muchísimo tanto en el plano del habla como en el plano emocional.

Estoy muy contento con el progreso que he alcanzado hasta ahora. Aunque todavía no es perfecto y esporádicamente percibo algún bloqueo, la mejoría ha sido muy grande si lo comparo con el lenguaje y la autoconfianza que tenía antes de hacer el curso.

Poco a poco fui adquiriendo soltura hablando con los ejercicios y cada vez dominaba más el lenguaje. Me di cuenta de que con ese lenguaje no íbamos a tartamudear. Cuando me di cuenta de que hablando de esa forma no percibía bloqueos y podía hablar con fluidez, me cambió la forma de ver la vida. Veía que realmente sí que había una forma de superar ese problema, por fin me creía que sí que se podía. Aprender este nuevo lenguaje es como aprender un nuevo idioma: tendrás que estudiar, practicar, hablar. Pues aprender este lenguaje es exactamente lo mismo.

El curso ha sido un descubrimiento total. Al principio era un poco escéptico porque creía que no había forma de dejar de ser tartamudo y que tendrías que vivir con ello para siempre. Según pasaban las clases y aprendías más, te dabas cuenta de que realmente se puede dejar de tartamudear. He aprendido técnicas que, con entrenamiento y confianza, pueden hacer que dejes de ser tartamudo y así ayudarte a cumplir todos tus sueños. Por primera vez me he sentido muy a gusto con ser como soy. Muchas gracias a Savio y mis compañeros por estas semanas en las que he podido abrirme y aprender de todos ellos. Os deseo lo mejor en la vida. ¡Abrazo enorme!

Tras terminar el curso y haciendo un análisis en frío, he podido llegar a algunas conclusiones. En primer lugar, el método no es una cura milagrosa, sino una forma de hablar nueva que hay que desarrollar y que aún sigo desarrollando. En segundo lugar, aún no he podido solucionar mi problema del todo, pero puedo decir que tengo las herramientas necesarias para poder hablar con fluidez y que, poco a poco, me voy enfrentando a más situaciones sin usar mis viejos trucos para disimular la tartamudez. En tercer lugar, me siento capaz de seguir mis metas sin que la tartamudez me limite. Por todo ello, recomiendo realizar el curso a todo aquel que esté en mi situación.
Nosotros también hemos sentido miedo, dudas y frustración.
Lee nuestras historias para descubrir que sí hay solución.

En mi adolescencia nos mudamos a otra casa y tuve que cambiar de colegio, y ahí lo pasé bastante peor. Me volví una persona muy insegura, tuve varios momentos en los que tartamudeé mucho y cogí miedo a exponerme en público. Muchos días fingía estar enfermo para no ir a clase y no tener que exponerme a ese problema. En la universidad mi autoestima mejoró mucho, pero seguía teniendo miedo a exponerme delante de mucha gente. En círculos pequeños no tenía demasiados problemas. Cuando acabé mi época de estudiante sentí una gran liberación, pero sabía que sería momentánea y que en algún momento volvería a enfrentarme a mis miedos.

Recuerdo el día de mi primera comunión. El sacerdote que nos comulgaba nos dio a cada uno un texto que teníamos que leer durante la celebración, delante de todos los invitados. Yo me lo sabía prácticamente de memoria de la cantidad de veces que lo había ensayado en casa. Llegó mi momento, me acerqué al altar, con mi traje de almirante blanco, tomé aire y el sacerdote me dijo: "Te he cambiado el texto, lee este." Mi nivel de nerviosismo en ese momento se disparó. Me bloqueé y tartamudeé delante de una iglesia llena “hasta la bandera.”

Durante mucho tiempo recorrimos un camino equivocado. Todo comenzó cuando Sara tenía dos años. No conseguía decir más que algunas palabras aisladas, y cuando intentábamos que nos dijera una frase de tres o cuatro palabras, nos costaba mucho entenderla. Consultamos a numerosos especialistas: terapeutas de desarrollo rítmico, logopedas, fisioterapeutas especializados, otorrinolaringólogos, optometristas, neurólogos… Sin embargo, ninguno supo decirnos qué le pasaba a Sara y, lo más importante, nadie nos indicó cómo podíamos ayudarla.

Uno de mis mayores miedos siempre ha sido conocer gente nueva. Naturalmente, soy una persona muy sociable, pero el miedo a lo que pensarán cuando me trabe al hablar o no poder ser yo misma al cien por ciento porque no puedo decir exactamente lo que estoy pensando, me echa para atrás. Cuando veo que tenemos que leer en voz alta en clase, me empiezan a sudar las manos y empiezo a contar los alumnos que faltan para saber cuándo es mi turno y qué frase me tocará leer para poder practicarla de antemano. Algo que también me causa mucha ansiedad es cuando tengo que presentarme delante de mucha gente. El momento en el que hacen la típica ronda para que todos nos conozcamos mejor y tenemos que decir nuestro nombre y tres cosas sobre nosotros es el que menos me gusta. Después, cuando me trabo y alguien me dice que me tranquilice, se vuelve aún peor.

Tengo 67 años, soy tartamuda desde los 9. Mis estudios, desde la escuela primaria hasta el doctorado, transcurrieron entre fonoaudiologías y psicoterapias, caminando entre altos y bajos, pero siempre con el nudo de la tartamudez en el pecho.

En la etapa del instituto, intentaba evadirme de las exposiciones y, momentos antes de la presentación, hablaba con mi profesor para que lo tuviera en cuenta. Pensaba que era la solución, pero en realidad solo creaba más miedos e impotencia.
Hemos conciliado nuestras historias personales de ex-tartamudos con años de dedicación profesional marcada por la pasión, el compromiso y la implicación, porque antes que logopedas y profesionales nos identificamos como ex tartamudos. Hemos ganado al tartamudeo y ahora nuestra mayor satisfacción es comprobar que servimos de ayuda para quienes experimentan nuestras mismas dificultades.
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