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Para superar la tartamudez es importante comprender la individualidad de cada uno, escuchar su historia y sus dificultades.
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Los padres tendrán la posibilidad de supervisar desde cerca los progresos de sus hijos y tendrán a su disposición todos los conocimientos necesarios para apoyarlos en este proceso para dejar de tartamudear.
Tendrás a tu lado, sin moverte de casa, a profesionales especializados en tartamudez, que han experimentado tus mismos miedos y tus mismas frustraciones e incertidumbres, pero que tras años de estudio, investigación y experiencias han encontrado las respuestas que cada tartamudo o cada padre busca, en base a las preguntas que cada uno de ellos suele hacerse.

Cada día nos reuníamos durante una hora para hacer la clase, y creedme... era la mejor hora del día. No importaba cómo había sido mi día ni cómo me sentía; cuando encendía el ordenador y veía a Savio y a mis compañeros de clase, todo cambiaba. La hora pasaba volando, y siempre me daba pena terminar la clase porque todo lo que nos enseñaba Savio era tan interesante que me podría haber quedado cuatro horas más escuchándolo. Fueron días muy mágicos para mí.

Mi experiencia cuando hice el curso fue extraordinaria, aunque sí es verdad que exige muchísimo trabajo, constancia y sacrificio, se puede reeducar el cerebro. Tiene una similitud con aprender un nuevo lenguaje.

En las primeras semanas vimos cómo nuestro hijo comenzaba a controlar una situación que antes para él había sido incontrolable. A medida que pasaban las semanas, lo veíamos más seguro, con más autoestima y, sobre todo, más feliz. Ahora, después del tratamiento, es sorprendente cuando nos dice: "No te preocupes mamá, ya sé cómo no tartamudear", y es verdad, cuanto más práctica, menos bloqueos le surgen. Hablyo ha sido un gran descubrimiento en nuestras vidas, no solo porque nuestro hijo ha mejorado, sino porque se siente, y nos sentimos, entendidos y acompañados. La experiencia con Savio ha sido muy enriquecedora. Creo que su experiencia como ex-tartamudo nos ha ayudado muchísimo tanto en el plano del habla como en el plano emocional.

La primera semana del curso fue mejor que todas las clases de las últimas logopedias a las que había ido. Savio hizo que me sintiera identificada con él desde el primer momento y supe que podría ayudarme. Conocí a más gente con mi dificultad y pude hablar con ellos utilizando la técnica, por supuesto, y me sentí muy bien al saber que había muchas más personas en mi situación. Ahora pienso que, siendo constante en la práctica de los ejercicios correctamente día a día con mi familia, amigos o yo sola, podré llegar a sentirme libre a la hora de hablar.

Es un proceso largo en el cual hay que confiar en ti mismo y trabajar para obtener resultados. Siento que he avanzado mucho en este curso. En un futuro no muy lejano, me veo con esta técnica totalmente interiorizada y con un lenguaje exento de bloqueos.

Estoy contenta con mis logros. Empecé pidiendo mi cortado descafeinado de máquina, por fin bien pronunciado. Eso me motivó a seguir usando el método cuando voy a comprar o a pedir en una tienda. Cada logro que consigo me sube la autoestima y confío en el método y en los consejos de Savio. Aprovecho para agradecer a Savio su labor y su profesionalidad. Ha sido un placer hacer el curso con él.

Es la primera vez que conseguimos avanzar en el lenguaje de nuestro hijo. Tiene 8 años y ha podido realizar el curso entendiendo todas las reglas y técnicas del lenguaje. Con el curso ha aprendido técnicas para desarrollar un lenguaje fluido y herramientas para poder utilizar cuando tiene alguna dificultad al hablar. Savio es un profesor muy bueno, las clases son muy amenas y además sabe motivar muy bien a los niños. Es toda una referencia para ellos

Estoy muy contento con el progreso que he alcanzado hasta ahora. Aunque todavía no es perfecto y esporádicamente percibo algún bloqueo, la mejoría ha sido muy grande si lo comparo con el lenguaje y la autoconfianza que tenía antes de hacer el curso.

Hablyo ha sido un antes y un después en mi vida. Todo lo que diga aquí va a sonar a frase hecha, pero es una realidad muy sincera. Savio me ha ayudado a enfrentarme a un problema al que nunca me había enfrentado, me ha dado herramientas técnicas (claras y concisas) para dejar de tartamudear y comprobar que se puede, pero, sobre todo, ha iluminado mi mente derribando muchos mitos sobre la tartamudez y hablando sobre ella de manera muy directa; algo que ha favorecido a mi percepción personal sobre el asunto. ¡Gracias!

Para intentar mejorar mi comunicación y con el objetivo de ser profesor de universidad, decidí emprender este curso, ya que la confianza que me hizo ver Savio desde la primera clase me dio esperanza en mejorar mi comunicación y mi lenguaje. Y la verdad es que las primeras impresiones no fallaron, ya que con esta técnica he aprendido a pensar en otras cosas - LOS TRES EJERCICIOS - y de esta forma no percibir bloqueos. Creo firmemente que la tartamudez se puede corregir notablemente e incluso desaparecer con este método y los ejercicios que nos ha dado Savio, y ya durante estas semanas, con la ganancia de confianza, los bloqueos se han reducido notablemente. Muchas gracias a Savio por su profesionalidad y su forma de comunicar.

La experiencia en ambos casos ha sido muy buena. Me gusta mucho lo directo e intenso que es el aprendizaje, el poder compartir y practicar con otros compañeros y saber que puedes contar con Savio en caso de que tengas cualquier duda o problema.

Buscaba una solución mágica, pero hoy en día sé que no existe. Sin embargo, encontré algo mejor que la magia: encontré un método. Un método que me da las herramientas para dejar de tartamudear, un método explicado por una persona que conoce el tema mejor que nadie, un italiano loco, divertido, carismático, expresivo, que me enseñó las herramientas para vencer el problema. Hoy en día, me siento bien, muchísimo más seguro. Los miedos a los bloqueos han sido minimizados. Es más, quiero hablar, sí, quiero hablar, quiero experimentar con el lenguaje; es algo nuevo para mí. Es emocionante esta nueva etapa que estoy comenzando. Ahora, solo dependerá de mí practicar y practicar, aplicar lo aprendido, y lograr el 100% de fluidez al momento de hablar.
Nosotros también hemos sentido miedo, dudas y frustración.
Lee nuestras historias para descubrir que sí hay solución.

Tengo 67 años, soy tartamuda desde los 9. Mis estudios, desde la escuela primaria hasta el doctorado, transcurrieron entre fonoaudiologías y psicoterapias, caminando entre altos y bajos, pero siempre con el nudo de la tartamudez en el pecho.

Recuerdo que cuando estaba en el colegio o en el instituto, por las noches pensaba en el día siguiente, en qué situaciones posiblemente me bloquearía y cómo podía intentar evitarlas. Algunas veces, cuando hacían preguntas en clase, aunque supiera la respuesta, no la decía porque sabía que esa palabra no me saldría. Por otra parte, cuando leíamos en voz alta por orden, según nuestro asiento, yo calculaba qué frase me tocaría a mí y, si comenzaba con alguna palabra que me resultaba difícil, intentaba hacer alguna artimaña para leer otra frase que me resultara más fácil. En mi actual etapa en la universidad, cuando he tenido que presentar alguna exposición o hablar con médicos o pacientes, lo he vivido con gran ansiedad, hasta el punto de intentar evitar al máximo dichas situaciones.

También recuerdo que mi primer contacto con un logopeda fue a esa edad. En la escuela teníamos una logopeda que solía sacarme de clase para hacer ejercicios del habla. Muchas veces eso me hacía sentir diferente, y otras tantas venía acompañado de burlas de mis compañeros, algo que continuó prácticamente hasta la edad adulta. Desde entonces, empecé a ver la tartamudez como algo muy negativo.

Recuerdo el día de mi primera comunión. El sacerdote que nos comulgaba nos dio a cada uno un texto que teníamos que leer durante la celebración, delante de todos los invitados. Yo me lo sabía prácticamente de memoria de la cantidad de veces que lo había ensayado en casa. Llegó mi momento, me acerqué al altar, con mi traje de almirante blanco, tomé aire y el sacerdote me dijo: "Te he cambiado el texto, lee este." Mi nivel de nerviosismo en ese momento se disparó. Me bloqueé y tartamudeé delante de una iglesia llena “hasta la bandera.”

Uno de mis mayores miedos siempre ha sido conocer gente nueva. Naturalmente, soy una persona muy sociable, pero el miedo a lo que pensarán cuando me trabe al hablar o no poder ser yo misma al cien por ciento porque no puedo decir exactamente lo que estoy pensando, me echa para atrás. Cuando veo que tenemos que leer en voz alta en clase, me empiezan a sudar las manos y empiezo a contar los alumnos que faltan para saber cuándo es mi turno y qué frase me tocará leer para poder practicarla de antemano. Algo que también me causa mucha ansiedad es cuando tengo que presentarme delante de mucha gente. El momento en el que hacen la típica ronda para que todos nos conozcamos mejor y tenemos que decir nuestro nombre y tres cosas sobre nosotros es el que menos me gusta. Después, cuando me trabo y alguien me dice que me tranquilice, se vuelve aún peor.

La tartamudez creo que no me ha afectado excesivamente en mi vida diaria, pero sí que es cierto que, como relataban algunos de mis compañeros y el mismo Savio, constantemente he tenido que cambiar palabras, utilizar sinónimos, muletillas, hacer como que no me acordaba de los nombres… todo ello cuando percibía algún bloqueo, y de esta forma podía darle una patada y salir adelante.
Hemos conciliado nuestras historias personales de ex-tartamudos con años de dedicación profesional marcada por la pasión, el compromiso y la implicación, porque antes que logopedas y profesionales nos identificamos como ex tartamudos. Hemos ganado al tartamudeo y ahora nuestra mayor satisfacción es comprobar que servimos de ayuda para quienes experimentan nuestras mismas dificultades.
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