La tartamudez en adultos va mucho más allá de los bloqueos, repeticiones o prolongaciones que pueden escucharse al hablar. Tras años de experiencias comunicativas difíciles, muchas personas desarrollan un miedo anticipatorio asociado a la posibilidad de tartamudear, no poder expresarse como desean o sentirse juzgadas por los demás.
Con el tiempo, la tartamudez deja de ser únicamente una dificultad del habla y se convierte en una experiencia que influye en la confianza, las decisiones y la manera de afrontar numerosas situaciones cotidianas.
Creciendo, nos encontramos frente a una tartamudez en la que la anticipación del bloqueo puede llegar a tener un impacto mayor que el propio bloqueo. Se desencadena así un círculo vicioso: cuanto más miedo existe a tartamudear, mayor atención se presta a determinadas palabras, sonidos o situaciones comunicativas.
Causas de la tartamudez en adultos
Las causas de la tartamudez en adultos pueden clasificarse en dos grandes grupos.
Tartamudez que persiste desde la infancia
En la mayoría de los casos, la tartamudez adulta es la continuación de una disfluencia fisiológica que comenzó durante la infancia y que no llegó a resolverse completamente. Aunque muchas personas experimentan disfluencias fisiológicas durante las primeras etapas del desarrollo del lenguaje, en algunos casos estas dificultades persisten y evolucionan hacia la tartamudez. De hecho, la gran mayoría de los casos de tartamudez en adultos tienen este origen.
Factores neurogénicos y emocionales
Por otro lado, existe la tartamudez neurogénica que está relacionada con alteraciones neurológicas y la tartamudez psicógena que puede aparecer tras experiencias emocionalmente intensas. Ambas representan una pequeña parte de los casos de tartamudez repentina en adultos.

